miércoles, 5 de diciembre de 2012

Barriada

El clack clack de las tenazas del pequeño cangrejo no hacían sino llamar más la atención del pequeño Drizz. El cangrejo corría de un lado a otro de la mesa desesperadamente buscando escapatoria, mientras que Drizz  corría a su alrededor para evitar que escapara.

Rendido por fin, el cangrejo se quedó inmóvil al centro de la mesa, orando al dios de los mares que su muerte dentro de una cacerola de agua hirviendo no fuese tan dolorosa. Esperó y esperó mientras veía la verdosa cara del pequeño Drizz apenas iluminada por la única luz de la habitación que a momentos parpadeaba y a momentos iluminaba más de lo normal.

El pequeño goblin de apenas unos seis años de edad vivía en esta casa con su tío, Maug del Vapor, mientras sus padres trabajaban arduamente para el príncipe mercante. Sus padres eran reconocidos por su habilidad matemática y constantemente tenían trabajo que hacer, sobretodo por las noches en que el príncipe mercante pedía que le leyeran el libro de contabilidad antes de dormir.

-¿Qué animal es este?- preguntó Drizz a su tío, aunque sabía que su respuesta podía no ser muy certera, pues las lagunas mentales del viejo empeoraban cada año y sus historias fantásticas para cubrir los huecos de memoria se volvían cada vez más imaginativos.

-Es... es un...- titubeó el tío -¡Es sabroso!... ¡Ya lo verás!-

El tío Magu revolvió la sopa de almejas y probó con cuidado la sazón de su guiso. Aderezó con unas cuantas hierbas y decidió que estaba lista para el ingrediente principal.

-¡Ya esta!- dijo -Trae esa cosa sabrosa aquí y arrójala al agua, pronto podremos comer-

Drizz tomó al cangrejo entre sus manos y corrió a la cocina, acercó un banco a la estufa y levantó en alto al cangrejo para arrojarlo al agua. Entonces sintió un ligero pinchazo en la mano. No se trataba de un gran dolor, sino apenas de un toque que el cangrejo había hecho con sus pinzas, una especie de última suplica ante la muerte inminente que le esperaba. El pequeño miró por un instante al cangrejo. Era la primera vez que se encontraba con uno y ahora sería la primera vez que comiera uno.

Muchos años han pasado desde aquel día y Drizz aun se pregunta porqué decidió meter al cangrejo en su bolsillo mientras arrojaba con fuerza más almejas a la olla para que su tío, también algo ciego, pensara que comían una deliciosa sopa de cangrejo.

***

-¡Págame de una buena vez Jack!- gritó el magnate goblin.

Aquellos gritos y jaleos sacaron a Drizz de sus recuerdos, salió de la tienda en la que dormía junto a los demás indigentes debajo del puente, en la Barriada, donde alguna vez estuviera la casa de sus padres, cuando la vida era más sencilla, antes de que Galliwix se convirtiera en el nuevo príncipe mercante y convirtiera los antiguos dominios de su predecesor en este basurero.

El viejo gordo y avaro Gallywix parecía no tener límites para su codicia, pues no había dejado de intentar despojar hasta al más humilde goblin de todas sus posesiones. Lo que tampoco parecía tener fondo era su pereza, hacía años que el viejo no caminaba por sí mismo, sino que dejaba esa tediosa tarea a su auto-araña que llevaba a todas partes.

-¡No por favor! ¡Pagaré! ¡Pagar..!- Jack el Martillo se tragó sus palabras cuando el golpe de uno de los matones del magnate goblin le arrancó varios dientes de un solo movimiento.

No era la primera vez que lo golpeaban, y de hecho Jack juraba que algún día se volvería millonario si conseguía salir de la isla y vender su "Técnica de Reinstalación de Dientes tras la Pelea en 5 Minutos".

El magnate se retiró junto con sus matones preguntando por la tienda de Frankie Deslizatuercas. Al parecer hoy sería día de cobros.

Drizz pasó junto al lujoso auto deportivo del magnate y subió la colina con Sabroso siguiéndole de cerca. La barriada era el peor lugar de todo Kezan. Galliwix ordenó construir la primera autopista de Kezan justo por encima de aquellos territorios, haciendo que todos los autos pasaran por encima de los altos puentes, lo cual llevó a la quiebra a todos los negocios que quedaron debajo. La zona se llenó de maleantes, prófugos y de personas que como Drizz no tenían ningún otro lugar a donde ir. Los desperdicios arrojados por los automovilistas así como las constantes fugas de drenaje y la falta de agua corriente hacían de este lugar un sitio de hedor incomparable.

Tras subir por el camino de barro Drizz y Sabroso se adentraron en un callejón que les llevó directamente al centro de la ciudad, a lado de la casa de Anakin, un joven y presumido goblin que disfrutaba de gastar la fortuna de su madre viuda en vehículos de carreras que terminaban hechos chatarrra en cada competencia. Descendieron por la calle rumbo a la costa pasando por enfrente de la tienda del Szabo, el sastre, con su jardín de pasto envenenado adornado de flamencos rosados. Siguieron hasta llegar al malecón de donde llegaba el aroma rancio del mar.

-¡Buen día doctor!- saludó al entrar en la casa de la esquina.

El "doctor" tenía una pequeña procesadora ilegal de kaja'mita, con cuyas ganancias pagaba sus alocados experimentos.

-¿Qué traes para mi?- dijo el doctor sonriendo codiciosamente al ver lo enorme de la maleta de Drizz.

Tras el habitual regateo, Drizz salió del lugar con algunas monedas y un par de botellas de kaja'kola extras en la bolsa. Salió apresuradamente antes de que el doctor se pusiera a explicarle de nuevo los magníficos usos que tendría su nuevo invento: "El Churumbele" el cual le permitiría por fin dejar el negocio del destilado ilegal de kaja'kola y darse a conocer como el gran inventor que es.

Intercambiaron una botella de kaja'kola por un  par de hamburguesas y se quedaron un rato escuchando la plática de otros goblins que también llegaban a comer. Todos hablaban de la gran fiesta que un goblin millonario daría, de cómo Gallywix chillaba por no haber sido invitado y de la posibilidad de que aquel magnate se convirtiera en el nuevo príncipe mercante de la región.

De pronto un estruendo sacudió la tienda, al principio pareció ser solo una explosión, pero una voz resonó desde el cielo provocando que todos los goblins salieran a la calle y señalaran el cielo. Drizz apenas pudo entender algo sobre el final de los tiempos o algo así que anunciaba esa voz, cuando logró salir de la tienda lo único que pudo ver fue la silueta de un dragón que se alejaba en el horizonte.

-Vamos sabroso... volvamos a ver si alguien tiene un trabajo para nosotros en Barriada- dijo Drizz a su mascota y emprendió el camino de regreso.

A unas calles del callejón que le llevaba hacia Barriada, un gran alboroto proveniente del centro acaparaba toda la atención. Un goblin pasó a su lado huyendo a toda velocidad del centro mientras gritaba "¡Piratas!¡Nos atacan!".

Levantando sus puntiagudas orejas Drizz pudo captar el sonido de armas de fuego, cuchillas, gritos ahogados. Sorprendido porque los piratas hubieran aparecido de pronto en el centro de la ciudad y se movieran rápidamente a la casa del magnate que iba a dar la fiesta Drizz decidió tomar la ruta larga a casa.

Pasando por detrás del Primer Banco de Kezan bajó rápidamente hasta llegar al túnel vial que pasaba justo junto a la fábrica de kaja'kola. Sin pararse a contemplar la enorme maquinaria corriía hacia el final cuando un gran estruendo sacudió el suelo e hizo caer óxido de todas las uniones metálicas del tunel. esta vez definitivamente no era una explosión, pudo ver al frente luces extrañas que iluminaban la entrada del túnel de cuando en cuando.

Llegando a donde el túnel se unía a la autopista saltó hacia un lado de la valla de contención y se encontró en Barriada.

Al llegar pasó por encima del cuerpo de un pirata que yacía a unos metros de la laguna de aguas negras del centro de barriada. Corriendo entre las tiendas se encontró a Frankie aprovechando la situación para robar pertenencias. Frankie le sonrió con lo que parecían los dientes de Jack.

-¡Esto es una locura Drizz!- dijo -primero salen esos piratas de ese charco mugriento asesinando a todos a su paso, luego el volcán hace erupción y caen enormes bolas de fuego del cielo... ¡definitivamente hoy me volveré rico!... si es que la isla no se hunde tras la erupción-

Una nueva sacudida le dió un nuevo significado a sus palabras, una enorme bola de fuego cruzó el cielo y el impacto hizo temblar el escazo mechón de pelo de Drizz.

-Si quieres vivir lo mejor será que vayas a ver si ese desalmado de Gallywix te deja subir a uno de sus barcos...-

Drizz atravesó de nuevo el túnel y llegó hasta el frente de la mansión de Gallywix donde una multitud de goblins se arremolinaba llevando sus más preciadas (y caras) pertenencias. Los empleados de Gallywix estaban "limpiando" literalmente a los goblins a cambio de dejarlos subir a los barcos, seguro necesitarían un barco adicional para llevar todas esas riquezas.

-Ven amigo- le dijo a Sabroso -encontraremos otra forma de subir-

Ambos volvieron a Barriada en donde Frankie había ya desnudado al cadáver del pirata.

-Esos piratas entraron a la ciudad por aquí, estoy casi seguro de que ese goblin gordo y codicioso los ayudó a entrar para que acabaran con su rival- dijo Drizz a su mascota mientras examinaba el agua putrefacta.

Drizz se encaminó hacia la laguna y aguantando el asco comenzó a nadar hacia el centro en donde los tubos de drenaje se sumergían bajo el agua. En la orilla Sabroso daba vueltas y chocaba las pinzas insistentemente.

-A mi me gusta menos la idea que a ti, pero no podemos quedarnos aquí, así que vamos- dijo Drizz y se sumergió en el agua.

El cangrejo dio dos vueltas sobre sí mismo malhumorado y por fin se adentro en las turbas aguas en busca de su dueño.

La visibilidad era casi nula y los ojos le ardían, pero pudo encontrar un tubo abierto con claras marcas dejadas por el roce de las espadas. Sintiendo como Sabroso se encontraba detrás de él se metió en el tubo y nadó por las cañerías hasta encontrar la otra salida.

El tubo le llevó hasta la parte trasera de la fábrica la cual ya había sido abandonada. Rápidamente e ignorando el olor que quedó sobre ambos corrieron por detrás de la mansión y lograron llegar a unos metros de los muelles donde varios guardias y el propio Gallywix vigilaban la entrada. El barco se encontraba a unos cuantos metros y Drizz pudo ver en que un rincón de la cubierta "El Churumbele" ya se encontraba abordo.

Mientras trataba de idear un plan para pasar a los guardias el estruendo de una bola de fuego iluminó el cielo, inmediatamente después alguien desde el interior de la mansión gritó "¡Han robado la Goblin Lisa!".

Gallywix se adentró en la mansión a toda prisa llevando tras de sí a los guardias. Drizz y sabroso corrieron por el muelle y llegaron hasta un par de cajas que estaban ya embaladas para ser transportadas. Drizz abrió una de las cajas y se introdujo en ella. Con un silbido llamó a Sabroso quien se adentró en la caja también y, en silencio, aguardaron hasta que la caja estuvo abordo de la embarcación y con gran placer escucharon como el estruendo del volcán se iba apagando en la distancia.